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El paciente Antonio Orejudo

Caliente

 

¿Hasta dónde puede llegar la paciencia de un escritor respecto a las editoriales españolas oficiales? De eso sabe mucho el paciente Antonio Orejudo, que cree haberse llevado al huerto a la editorial Tusquets, la que más le gusta, después de once años, cuando la verdad es que si ahora Tusquets lo publica es porque Antonio Orejudo va sonando algo en el circuito literario, no porque ahora Tusquets crea que su calidad literaria es insoslayable.

Aquí no se entiende por qué los escritores españoles siguen dependiendo de las actuales editoriales oficiales, tan panolis, tan tiquismiquis, tan miedosas respecto a los manuscritos originales de muchos escritores. Aquí no se entiende cómo en el reino de Internet, los escritores que se tienen como tales, que saben que mientras vivan seguirán escribiendo, no fundan su propia institución literaria, su propia editorial, que sin lugar a dudas acogería sus originales en bruto, sin esos requisitos de las editoriales actuales oficiales, tan panolis, tan puestas no sólo a cortarles las manos a muchos escritores, sino también la lengua.

¿Tanto miedo tienen los escritores mareados por las editoriales oficiales de fundar su propia institución, de que algún prestigioso tontito escriba en su articulito semanal, a las dos semanas de la fundación, algo parecido a esto?: Pero que mitómanos y morbosos no se precipiten a las librerías porque el escritor resulta ser también el editor.

Desde aquí sugerimos a los escritores confianza en sí mismos, que ellos mismos sean los primeros apostadores de sí mismos, que ellos funden su propia institución de letras. Y que se olviden de las restricciones impuestas. No estamos en la Edad Media, cuando los señores se imponían a sus siervos. Lo demás, con unas letras completamente independientes, libres, con el paso del tiempo vendrá rodado.

Antonio Orejudo

(…) Por ejemplo, mi relación con Tusquets, que ahora publica la que fue mi primera novela, Fabulosas narraciones por historias, es la historia de un chico enamorado de una editorial muy guapa que no le hace ni caso. (…) No conocía a nadie y pensaba que mi única posibilidad era presentarla a un concurso. Y hubo suerte: a los pocos días de terminarla Tusquets y la Escuela de Letras convocaron el primer Premio de Narrativa Joven. Todo parecía creado para mí [y también para Antonio Gálvez Alcaide en relación a su primera novela titulada El Paseo de los Caracoles, que finalmente publicó Alba Editorial. Antonio Gálvez Alcaide conserva la carta en la que la editorial Tusquets, alabando el nivel literario de la novela, le recomienda encarecidamente que se presente al susodicho Premio de Narrativa Joven], pero el premio se lo llevó Susana Fortes y su Querido Corto Maltés. De eso hace trece años. Lo recuerdo perfectamente porque fue entonces cuando regresé a España definitivamente. Lo primero que hice nada más llegar, antes incluso de deshacer las maletas, fue enviar mi manuscrito a Planeta. Mi amigo Romero se había ofrecido a hablar con Ymelda Navajo, a quien conocía, para que mi manuscrito no pasara inadvertido. Y sus recomendaciones debieron de surtir efecto, porque al cabo de unas semanas, Romero me llamó excitadísimo. Acababa de hablar con ELLA. Habían recibido unos informes de lectura extraordinarios y querían publicarla. A los pocos días me llamó una Silvia Bastos, que elogió entusiasmada la novela, que me habló de fotos de contracubiera y de promoción. Quedamos en concretar estas pequeñas esclavitudes de la fama después de la Semana Santa que se nos echaba encima. Pero no volví a hablar con ella. Ni volví a tener noticias de Ymelda Navajo. Fue varias semanas después de Semana Santa cuando recibí la llamada de una tercera persona. Me dijo que habían dado a leer mi novela a sus servicios jurídicos, y que habían recibido un informe que desaconsejaba su publicación, así que no iban a editarla. Y colgó. (…) En aquel punto se inició el vía crucis tradicional: fotocopias del manuscrito y envío a las editoriales que más me gustaban: Alfaguara, Anagrama, Lumen, Destino, Debate y Tusquets. Sí, Tusquets, otra vez Tusquets. No me daba por vencido. Me resistía a admitir que aquella editorial tan guapa no me quisiera. Pero no me quería. Ni esa ni ninguna. Todas me lo fueron diciendo amablemente por escrito. (…) Lo intenté también con las agentes literarias. Con Carmen Balcells, que me tuvo esperando mucho tiempo y que al final me dijo que no. Y con Antonia Kerrigan, que me propuso la autoedición del manuscrito. (…) Han pasado once años, y la novela acaba de editarse de nuevo. Esta vez con las cubiertas negras de Tusquets, aquella editorial tan guapa que me dio calabazas tantas veces, y a la que por fin he podido llevarme al huerto.

El Cultural“.

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One Response to “El paciente Antonio Orejudo”

  1. Elena dijo:

    No todos saben si van a seguir escribiendo, ni tampoco todos dominamos este medio de internet, con lo cual la sugerencia no produce efecto.

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