Gabriel García Márquez, que acaba de cumplir 80 años de edad, va viviendo con naturalidad. Curiosamente, lo que más lee es la relectura de su obra, una manera muy sana de mirarse el ombligo.

“Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927) suele empezar el día frente al ordenador, navegando en internet en busca de lo que dice la prensa mundial, que devora como en los tiempos de periodista. El escritor pasa horas en su rincón de trabajo, un espacio amplio y luminoso, de grandes vidrieras que dan al jardín de la casa, en una calle tranquila del Pedregal de San Ángel, un barrio al sur de la Ciudad de México. Sorprende el orden que impera en el estudio, con estanterías repletas de libros y una colección de discos de vinilo y compactos. La mayoría de música clásica. Todas sus novelas, desde La hojarasca hasta Memoria de mis putas tristes, están encuadernadas en un lugar prominente del despacho. Sobre el escritorio, un par de libros, una lupa, una impresora y un escáner. En la pared, una foto del novelista con su colega Álvaro Mutis, también colombiano y residente en el Distrito Federal, y un retrato de Gabo, pintado por la española Nati Cañada.
El País“.




















































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