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Espiando a mi vecina

La novela erótica de Morfeo: Caliente

Las cosas que pasan en verano… No hacía ni media hora que acababa de marcharse mi novia. El salón se quedó tan vacío con su rápida marcha… Aunque mi novia sabe que los polvos apresurados me dejan con un deje de nostalgia y abatimiento durante horas, cuando las ganas le aprietan no puede evitar acercarse por mi casa y darme un buen repaso poco antes de emprender su jornada vespertina en Correos. Su casa y mi casa se encuentran a una pequeña manzana de distancia.

Como digo, las cosas que pasan en verano… No hacía ni media hora que acababa de echar un casquete con mi novia, cuando, a causa de los intrigantes caminos del azar, mi ventana me ofreció otra ventana, la ventana de mi vecina, la ventana del dormitorio de mi vecina. Estaba en pelota picada sobre su cama, boca arriba, relajada, hablando con su marido, que también se hallaba en pelota picada, a su lado, boca arriba. Como no podía ser de otra manera, me acordé de James Stewart, de la película La ventana indiscreta. Entonces busqué mi videocámara, la coloqué discretamente entre las cortinas de mi ventana y le di a la grabación automática. El polvo reciente no produjo en mí desgaste alguno. Lejos de verse engarabitada, mi chorra se empalmó ansiosa, violentamente frente al descuidado desnudo de mi vecina. Así que hube de sacármela por la rendija de la bragueta, para evitarle los ahogos de mi férreo pantalón. El respiro de mi polla alivió la respiración de mis pulmones. La pareja que tenía delante no follaba. Cuando pensaba que la pareja ya estaba servida, que la había descubierto tarde, la vecina se incorporó, se despatarró y se puso encima de su marido, que inmediatamente colocó sus manos en su nuca, a la bartola, como un sultán vago, acostumbrado a que le resuelvan el trabajo de campaña.

Mi vecina abierta de patas, agitándose, follando con la sartén por el mango. Jamás me la hubiera imaginado en esa postura. Qué cosas tienen las vecinas. Allí estaba dale que te pego, sin sospechar que los dientes de mi polla se dirigían a ella deseando obtener siquiera una pequeña tajada de su coño. Repentinamente se detuvo. Visto y no visto. Ni cuarenta y cinco segundos. El gatillazo del marido me dolió a mí. La vecina se echó a un lado. El marido se le escapó por la puerta, se perdió al pulsar el interruptor de la luz del comedor. Entonces mi vecina, triste, cargando un buen saco de resignación, cogió dos clínex de la caja que tenía en la mesita, se limpió la lefa del coño y tiró el gurruño al suelo. Salió un momento por la puerta, ofreciéndome su espalda suave, su culito travieso, y volvió al instante. Vi claramente la palidez de sus tetas bonitas, en contraste con el barniz estival de su piel. Hacía y deshacía con las musarañas de la habitación, y como un autómata se impregnó los sobacos de desodorante. Dándome nuevamente la espalda sublime, se puso unas bragas de color carne, se abrochó un sujetador de color carne, dejando en olvido su carne decaída.

En ese momento di por terminada la sesión. Apagué la videocámara y guardé mi arrugado y entristecido colgajo. Terminé deprimido, con la obviedad de los polvos apresurados, decepcionantes, rutinarios que padecemos hombres y mujeres. En aquella ocasión, mi vecina y yo los sufrimos casi de forma simultánea. Siempre quedará el transitorio bálsamo de la paja.

Un texto de Francisco Parrado
P.D. Gracias, Fermín.

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2 Responses to “Espiando a mi vecina”

  1. Fermín Bohórquez dijo:

    Querido Parrondo, qué desangelado tu último cuento, cú)anto spleen, cúanta mortecina grisura, cuánto realismo sucio (aunque más bien habría que rebautizarlo como realismo triste), casi me atrevería a llamarlo cariacontecido carpetovetonismo
    casi hasta me arrepiento de haberte enviado ese enlace
    Gracias por la ofrenda
    hoy, en mis escarceos onanistas por la red he encontrado esta pequeña joya que estoy seguro que te va a gustar, mucho más lozana (aunque no andaluza) que la talludita bruni que tanto os gusta…
    Las tetas más perfectas que he visto en siglos,
    toda ella es una proporción áurea
    mira, mira, que no engaño
    http://www.yuvutu.com/modules.php?name=Video&op=view&video_id=94757
    fermín
    y que viva cela, coño

  2. Fermín Bohórquez dijo:

    Me voya a animar a escribirle un minicuento a la sedicente chilena de marras, que se lo merece.
    http://www.yuvutu.com/modules.php?name=Video&op=view&video_id=94757
    Ahí va:
    La súcuba
    Lo tenía merecido, por gilipollas. Cada cierto tiempo, ella entraba en mi messenger y me requería con sus monerías y sus carantoñas. Sabía de mi predilección por su cuerpo, de mi devoción obsesiva por sus pechos (ay, esos pechos perfectos, al natural, sin operaciones ni cirugía, unos pechos como ya no existen, unos pechos como Dios manda, unos pechos gloriosos, celestiales, incluso arcangélicos, unos pechos con unas aureolas generosas, que colgaban como racimos de uvas, listos para ser devorados, unos pechos ubérrimos, casi de embarazada, que penduleaban juguetonamente pidiendo guerra y lametazos, ay unos pechos para cometer un delito) y por su ombligo (ay, su ombligo, un ómfalos donde demorar mi deseo antes de abrevar definitvamente, cual bestia en celo, en el venero de esa diosa). Ella sabía eso, y mucho más. Sabía que su lozana piel me vapuleaba las entrañas; sabía que yo no sería capaz de controlarme por mucho tiempo, que su cuerpo virginal me seducía como sólo una profesional podría hacerlo; sabía que ser la hija pequeña de mi mejor amigo no iba a impedir que yo no consumara mi lujuriento pecado. Por eso, hoy, aprovechando mi enésima negativa (rotunda y firme como todas las anteriores; esa retahíla que tecleaba ya cada vez con menos convicción: yo estaba casado, era moderadamente feliz, tenía dos hijos, su padre era mi socio en la empresa…), me brindó un estríptis de órdago…
    Un deseo vesánico se apoderó de mí. Marqué su número de móvil y le confirmé que iría a su casa en cinco minutos (me confesó que estaba sola). Ahora todo estaba perdido. Todo se iría al carajo. Mi fe, mi compromiso, mi fidelidad a mi esposa,… al traste con todo ello. Y todo por culpa de esa divina súcuba que sacó lo peor de mi mismo…
    Fermín Bohórquez
    Bueno, podría haberlo mejorado, pero es que es muy pronto aún, o muy tarde, y no me ha dado tiempo de corregirlo
    Señor, qué tetas tiene la niña…madre

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