Muere el primer ex presidente de la España democrática. Un buen tipo en tiempos difíciles.

“Adiós al presidente discreto. Leopoldo Calvo-Sotelo, jefe del Ejecutivo entre 1981 y 1982, muere de fallo cardiaco. Leopoldo Calvo-Sotelo, segundo presidente del Gobierno de la España constitucional, falleció ayer a los 82 años en su domicilio familiar de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Con él desaparece uno de los símbolos de la Transición y uno de los hombres que forjaron las bases de la etapa democrática más larga que ha disfrutado España. Su figura, ya histórica, aúna los valores de consenso y diálogo que sirvieron para liquidar los restos del franquismo desde la moderación. El ex presidente falleció “de forma inesperada”, afirmó uno de sus ocho hijos. La causa oficial de la muerte fue “parada cardiorrespiratoria” y según su familia no se encontraba enfermo, aunque todavía se recuperaba de las secuelas de una caída que sufrió hace varios meses. “Se le ha parado el corazón”, dijo su hijo mayor a Efe. Nacido en Madrid el 14 de abril de 1926, tenía ocho hijos y era ingeniero de Caminos. Fue el presidente del Gobierno de menor duración de la democracia, entre febrero de 1981 y diciembre de 1982, y el único no elegido tras unas elecciones generales. A él le correspondió el difícil papel de dirigir el Gobierno en el tránsito entre la dimisión de Adolfo Suárez, en enero de 1981, y el arrollador triunfo electoral del PSOE de Felipe González en octubre de 1982. Su investidura será recordada siempre por ser la primera que precisó dos votaciones, hasta ser elegido por mayoría simple, y, sobre todo, por la intentona golpista del 23-F. La segunda votación fue cortada por la irrupción en el hemiciclo del teniente coronel Tejero, pistola en mano. Hasta dos días después no pudo ser investido Calvo-Sotelo presidente del Gobierno. El golpe de Estado abortado en la antesala de su mandato da idea de las dificultades que hubo de afrontar desde la Presidencia del Gobierno, con una mayoría precaria de su grupo parlamentario y con su partido, UCD, roto en mil pedazos. Las peleas internas en UCD habían forzado la dimisión de Suárez, dificultaron la presidencia de Calvo-Sotelo y terminaron en un rotundo fracaso en las generales de octubre de 1982, con Landelino Lavilla como cabeza de lista liderando los restos del naufragio de su partido.
El País“.






















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