La utilización de la religión como negocio.

“Las religiones ya son negocio. Se matan pollos mirando a La Meca y se ofrecen vinos sin fertilizantes en botellas nuevas – Judíos y musulmanes ya tienen dónde elegir en España. Empresas, departamentos de marketing, vendedores, al cabo, tienen algo de avanzadilla en el campo sociológico. El área de ventas de una gran multinacional del consumo suele saber más, o antes, de lo que ocurre en un país que cualquier sociólogo, antropólogo, político o estadista. Cuando otras religiones enseñan la patita en España, país monocultivo católico hasta hace poco, se abren llagas y debates a mansalva, pero mientras gobiernos, partidos y entidades descubren el fenómeno y se enzarzan en la polémica infinita, las empresas españolas están fabricando para ellos tantos productos como pueden. Algunas lo hacen desde hace años y otras se acaban de sumar. Se trata de un público fiel y dispuesto a pagar un extra por lo que ellos consideran un valor añadido. Algunas los venden para ese -por ejemplo- 1,5 millones de musulmanes que vive en España, o para los aproximadamente 40.000 judíos afincados en este país, pero otras muchas exportan a todo el mundo. Despunta el día y en el matadero de Lluís Pich se ponen manos a la obra. Sacrifican pollos tanto bajo el rito musulmán como por el rito judío. Al menos una vez por semana, el rabino se deja caer por Avitec, en Tarragona, para matar a los pollos cumpliendo la tradición alimentaria que marca la Torá o enseñanza judía (unas 300 aves con certificado casher o aptas a la semana). Del rito islámico se encargan matarifes musulmanes que matan al pollo mirando a La Meca y en nombre de Alá. Alla hu Akbar, Alla hu Akbar… El matarife lo dice tantas veces como pollos sacrifica: en un año, más de 1,5 millones de aves halal, es decir, que cumplen los preceptos de la sharía.
El País“.






















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