

“MÉXICO SALVAJE. Bajo el terror del narco. México vive días de plomo y sangre. Los narcotraficantes, infiltrados en la policía y la política, han respondido al acoso del Ejército y los federales con una guerra sin cuartel. Nadie está a salvo. Baja la voz, mira de soslayo a una pareja que toma café en una mesa vecina y suelta la pregunta: -¿Le han contado lo que pasó en una peluquería de Culiacán? El ruido de un helicóptero del Ejército volando muy bajo interrumpe todas las conversaciones en la plaza de Morelia, capital del Estado de Michoacán. La ciudad colonial está tomada desde que, la noche del 15 de septiembre, coincidiendo con la celebración del grito de la Independencia, dos granadas lanzadas contra la multitud causaran la muerte de nueve personas e hirieran a un centenar. Los soldados y los policías, algunos de ellos encapuchados y portando rifles R-15, se cruzan con vendedores de globos y parejas de adolescentes que se dan la mano. Un segundo helicóptero sigue el rastro del primero. Ya nadie levanta la vista. En una esquina de la catedral -frente al Palacio de Gobierno- siguen encendidas las velas que los vecinos plantaron para honrar a las víctimas del primer atentado narcoterrorista de la historia de México. La noche se va tiñendo de los destellos azules y rojos de los coches de policía.
-¿Dónde?
-En una peluquería de Culiacán, en el Estado de Sinaloa…
El País“.


















