¿La decadencia de un museo?
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“El Guggenheim se oxida (y mal). Los escándalos económicos ponen en entredicho la gestión del museo. “El éxito del museo está unido a la excelencia en su gestión; ello nos obliga a trabajar con calidad”, presume el Museo Guggenheim Bilbao en su web. Con el director financiero, Roberto Cearsolo, despedido por desfalco, y el director general, Juan Ignacio Vidarte, acusado por el Parlamento vasco de descontrol y falta de capacidad profesional en operaciones económicas que ocasionaron pérdidas de siete millones de euros, las menciones a la calidad de la gestión resultan irónicas. La Q de plata de calidad no ha evitado que los escándalos relacionados con sus cuentas pongan en entredicho la gestión de los responsables del Guggenheim, manchando el símbolo de la regeneración urbana y económica de Bilbao. El Guggenheim ha cumplido sus objetivos. Un millón de visitantes al año, el 60% procedente del extranjero, un nivel de autofinanciación por encima del 70%, y una treintena de empresas sentadas en el patronato han sustentado el éxito de un proyecto que nació de la desesperada búsqueda de nuevas actividades que sacaran a Bilbao del pozo de la crisis económica. El Gobierno vasco y la Diputación de Vizcaya asumieron el riesgo de asociarse con la Solomon R. Guggenheim Foundation, deseosa de expandirse más allá de su sede de Nueva York, y construyeron el fabuloso edificio de Frank O. Gehry. Invirtieron en el proyecto más de 120 millones de euros y se comprometieron a realizar aportaciones anuales de otros seis millones de euros para la compra de obras.
El País“.















































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