MORFEO EDITORIAL
CURVA MENGUANTE
FRAGMENTO INICIAL
      El viejo observaba el variado pelaje de la gente, tras los cristales de su ventana, como acostumbraba todas las tardes. Se sabía un cero a la izquierda desde hacía más de quince años. Pero como era puro nervio, como estaba construido a base de puro tendón elástico con ligaduras de pedernal, sobrellevaba el definitivo abandono de sus dos sobrinos, y la nueva atmósfera impuesta, igual que esos juncos solitarios en las márgenes de los ríos, con una gallardía estirada muy rara y con una indiferencia absoluta hacia los cambios climáticos.
      El viejo era largo y robusto. Sus manos eran enormes y con más nudos que un olivo. Conservaba buenamente la vista. Le llovía la fuerza al viejo, aunque a veces, según él mismo decía, le fallaban un poco las piernas. El viejo tenía ochenta y cinco años y le gustaba mucho expresar, como comido por el orgullo, que había nacido con el siglo, en 1900.