MORFEO EDITORIAL
DOCE
CAMPANADAS DE CÁLIDO CARMESÍ
FRAGMENTO
INICIAL
El aliento de mi compañero huele a
whisky barato. Mis labios aprisionan pequeñas porciones de la tensa piel de su
cuello. Yo pienso que su cuello me lo podría comer con un poquito de chocolate y
le digo, entre delicados suspiros, que el olor de su aliento a whisky barato
comienza a aturdirme. Él no dice nada, él tiene bastante ocupación en pasar sus
extensas manos sobre las curvas de mis caderas y sobre mis glúteos, tan fáciles
al tacto gracias al fino cuero de la minifalda. Sus manos, por los dedos, tienen
un vello arisco que se riza con el de mi apacible pubis. Sus manos, poderosas,
impulsan mi cuerpo contra la pared estucada. Detrás de mí tengo la dura y fría
pared; delante, sus manos, esas manos que pellizcan mis nalgas, deslizan hacia
abajo las medias de seda negra y recogen, a puñados, mis muslos, mientras se me
enrojece la piel con el vello de sus dedos. Mis manos son pequeñas y débiles.