MORFEO EDITORIAL
SOBRE LOS ESCOMBROS
FRAGMENTO INICIAL
      Una lágrima rosácea, florecida en llamas, entibia su cotidiano sendero helado. Una lágrima en mi cara. Ocurre las veces que me acuerdo de ti, chica. Te levantaste una mañana y yo ya no estaba. Luego dijeron que tu casa se inundó de lágrimas, que las horas de tu casa se ahogaban con el desbordamiento de tus ojos claros. A veces las disculpas no sirven y los perdones se resisten. A veces las cosas son terribles. Una mañana huí de la vida que me conoce, por averiguar si otra vida me sonreía. Todo se me caía encima. Todo se hacía demasiado grande.