MORFEO EDITORIAL
Fragmento
La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades
     CAPÍTULO PRIMERO
Lázaro cuenta su vida y de quiénes fue hijo
Lazarillo de Tormes, Francisco de Goya
      Quiso nuestra suerte que el amancebamiento de Zaide, que así se llamaba, llegara a oídos del mayordomo del comendador de la Magdalena. Al comprobarlo, descubrieron que robaba la cebada para las bestias, y la cáscara del trigo, y la leña, y las almohazas, y los mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos. Incluso cuando no tenía otra cosa, desherraba a las bestias. Con todo lo robado se presentaba a mi madre y la ayudaba a criar a mi hermanico. Pero no nos asombremos por esto. Así como un pobre esclavo roba para mantener a su mujer y a sus hijos, hay clérigos y frailes que hacen lo mismo para mantener a sus mancebas y a las criaturas que tienen con ellas; los clérigos, robando a la parroquia, a los pobres; y los frailes, al convento.
      A mi padrastro se le probó cuanto digo, y más aún, porque a mí me preguntaban con amenazas y yo respondía como niño que era, descubriendo con miedo cuanto sabía, incluso ciertas herraduras que vendí a un herrero porque me lo mandó mi madre. Al triste de mi padrastro lo azotaron y  lo  pringaron,  y  a  mi  madre  la
sentenciaron,  aparte  de  al  acostumbrado  centenar  de azotes, a que no entrara en la casa del mencionado comendador, ni acogiese en la suya al lastimado Zaide.
      Para no perderlo todo en aquella desgracia, evitar peligros y librarse de las malas lenguas, la triste de mi madre se esforzó, cumplió la sentencia y se fue a servir a los que vivían en el mesón de la Solana. Y allí, padeciendo mil molestias, mi hermanico y yo nos acabamos de criar; él, hasta que supo andar; yo, hasta ser un buen mozuelo, llevándoles vino a los amos del mesón, velas y todo lo que me mandaban.
      Por aquella época se hospedó en el mesón un ciego. Le pareció que yo podría servirle de guía y le pidió a mi madre mi servicio. Ella aceptó y le informó de que yo era hijo de un hombre tan bueno que, por engrandecer la fe, había muerto en la campaña de los Gelves. También le dijo que, confiando en Dios, yo no saldría peor hombre que mi padre. Le rogó que me tratara bien y que mirara por mí, pues era huérfano. Él le respondió que así lo haría, y que me recibía no por mozo, sino por hijo. Así comencé a servir y a hacer de guía a mi nuevo y viejo amo.
      Estuvimos en Salamanca unos días. Como a mi amo le pareció que no ganábamos mucho dinero, decidió marcharse. Cuando tuvimos que partir, yo fui a ver a mi madre.