MORFEO EDITORIAL
RUTA DEL
OESTE
FRAGMENTO
INICIAL DE RUTA DEL OESTE
Amanece muy oscuro. Me levanto al alba, como es
costumbre. El cielo saluda con un tapiz de negros nubarrones. El cielo saluda
incluso a los viajeros que, con una maleta y una mochila, han de empaparse
irremediablemente si la inclemencia decide sacudir su nublado y descarado tapiz.
El cielo no distingue a nadie. El cielo sólo mira su propia grandiosidad. El
cielo, hoy, saluda con retintín. Amanece muy oscuro el día que salgo de viaje,
un largo viaje. Amanece sin brillo tras mi ventana, con una apagada somnolencia,
con una armonía encogida. No hago caso de sus dictados. Hoy no me interesan sus
tristes dictados.
Mi viaje es tan largo como
fascinante. Hoy, en tren, me traslado del Mediterráneo al Atlántico en una
sentada. Mañana, si todo funciona como es debido, a estas mismas horas estaré
cruzando Castilla y León. Mi lenta andadura tendrá su inicio en Santiago de
Compostela, y echará un vistazo en Padrón, y continuará por tierras de León y de
la vieja Castilla hasta detenerse por los empedrados de Navarra, lugar donde
volveré a echar los brazos, como un bebé, a mi querida
Barcelona.
Las piernas son importantísimas en los
viajeros de observación parsimoniosa. Los ojos que se beben las formas necesitan
una ruta a pie, unas piernas generosas, sin prisas. Yo todavía tengo buenas
piernas. Menos mal. Y un oído que capta imágenes. Y unos ojos que degustan
sabores. Menos mal. A uno todavía le reconforta el poder de la
imaginación.
Me dispongo a escribir sobre cada cosa
que encuentre, para publicarlo de forma inmediata en las páginas de mi blog.
Quién me ha visto y quién me ve. Antes, cuando mis letras carecían de la
electricidad de una máquina, todo lo que se leía mío había pasado por muchas
revisiones y enmiendas. Ahora, en plena era digital, ofrezco a mis lectores unas
letras escritas a bote pronto, unas letras que no pasarían de ser un mero
borrador cuando la larguísima y hegemónica etapa de las publicaciones herederas
de Gutenberg.
Los desordenados bártulos de la casa
reclaman mi atención. El último material de equipaje reclama su cierre en la
maleta, en la mochila que acompañará mis pasos con su toctoc y su ras-ras en
todo momento.
El escritor y
la calavera