MORFEO EDITORIAL
TEMBLOR DE INVIERNO
FRAGMENTO INICIAL
      El niño pálido cazaba pajaritos con un atino de pasmo. Primero con tirachinas, y luego con escopeta de aire comprimido, los pillaba incluso al vuelo. Aunque el niño pálido se lo callaba, el niño birria de los huesecillos, el niño poquita cosa, el niño enclenque pensaba que eso ni el Robin Hood de las películas.
      El niño pálido, Paquito de nombre, cazaba pájaros -gorriones y zorzales- porque estaban muy buenos fritos y en su casa agasajaban su magnífico atino. Lo ensalzaban tanto que el espíritu del crío se dilataba, se salía por sus orejas de elefante, se filtraba por sus ropas de remiendo, por su pellejo templado, y volaba, volaba, volaba…