MORFEO EDITORIAL
      Morfeo Editorial no es una empresa de autoedición, ya que no publica las obras literarias que costean sus propios autores. Morfeo Editorial tampoco es una empresa de edición comparable a las que existen actualmente, ya que tampoco publica la obra literaria que podrían ofrecerle los escritores. Morfeo Editorial es una empresa editorial que se supedita exclusivamente a la obra literaria producida de un único autor a lo largo de su vida: Antonio Gálvez Alcaide, yo mismo.
     
Entiendo que este movimiento de cambio será la tendencia dentro de no muchos años. Comprendo que la premisa natural de los escritores con vocación, al curso de este nuevo siglo, que ya empieza a tener rodaje, será la que sigue: “Un escritor, una editorial”. Estoy seguro de que las mejores obras literarias surgirán por esta vía. Estoy seguro de que se conseguirá mucho a favor de la Literatura, con ele mayúscula, tan desprestigiada y depauperada a finales del siglo XX y principios del XXI, debido al tránsito dominante de lo que se entiende por comercialidad, siempre llevada a cabo por el legítimo afán económico de las editoriales llamadas comerciales, que, como toda rentable empresa, incluso disponen de departamento de Mercadotecnia, un tejemaneje que, en líneas generales,  a estas alturas ha olvidado empuñar la literatura por los cuernos.
      Hay que tener en cuenta que esta decisión, la premisa de “Un escritor, una editorial”, no la toma uno porque haya sido descartado sistemáticamente por las editoriales comerciales al uso. Yo he sido un escritor típico del siglo XX. La publicación de mis escritos dependía de terceros. Como todos aquellos escritores de antes,  conseguí demoler el telón de acero del permiso a publicar, aquel poder de los terceros, de los consejos de redacción, de los departamentos de lectura… Me publicaron un libro de relatos (la editorial Calambur), me publicaron una novela (la editorial Alba), me publicaron artículos periodísticos de tirada nacional (ABC), me publicaron cuentos las revistas culturales y los suplementos dominicales de los diarios, e incluso conseguí premios literarios de prestigio en mi juventud, que luego también se editaron (Turia, Lateral, Blanco y Negro, el premio Hucha de Plata, el premio Antonio Machado…). Incluso tuve agente literario (Antonia Kerrigan Literary Agency). Fui, como se entiende, un autor normal del siglo pasado.
      Ahora todo ha cambiado. Tan sólo es cuestión de tiempo (¿10, 15, 20 años?) que los escritores con vocación tomen conciencia de la importancia que imprime el sector digital e Internet, y consideren como suya la premisa “Un escritor, una editorial”. Ellos mismos serán los absolutos responsables de su obra literaria, una obra que nunca pasará por la guillotina del libro agotado, una obra que no se cruzará con la subjetiva e interesada labor de terceros, aquellos que nunca se ruborizaron en obligar a tachar párrafos, e incluso páginas completas. Los escritores con vocación, también editorial, gozarán de una completa libertad creativa,  de una obra que controlarán ellos mismos en todo momento, mientras les quede un suspiro de vida.
      Yo, literariamente, soy Morfeo Editorial desde 2006. Reconozco que ignoro algún caso parecido. Como consecuencia, dicho con toda la humildad y la acritud del que se tira al desconocido vacío, me considero un precursor.

      La Biblioteca Gálvez
      Aquí reúno toda mi obra literaria, que es básicamente narrativa. Tengo libros de relatos, novelas, artículos periodísticos. También hago narración de mi propia memoria (algo sale en Internet), sin duda espoleado por la obra de memorias heredada de Josep Pla, a quien es imposible, siquiera, emular. Mi primer manuscrito data de 1991. Se trata de la novela que publicó la editorial Alba en 1999, El Paseo de los Caracoles. Nunca he dejado de escribir. Lenta e ininterrumpida está siendo esa labor. Pero no importa el paso del tiempo. Ya queda la botella lanzada al azar del inmenso mar.


    
La Biblioteca Clásicos
      Aquí voy a reunir la adaptación al español actual de los textos en castellano de la Edad Media y de los siglos XVI y XVII. Está siendo un delirio de placer adaptar al español actual nuestros primeros cuatro siglos literarios. Voy a intentar poner fin a la ilegibilidad de las magníficas obras literarias de nuestros ancestros en lengua castellana, que no se andaban con chiquitas. Voy a intentar ordenar la nunca aclarada sintaxis de nuestra lengua extinta. No volverán a echarse de menos los términos que siempre han faltado a pie de página. En definitiva, voy a intentar recuperar, mediante la adaptación lingüística, que tiene mucho de traducción, el muerto brío de una lengua que Sebastián de Covarrubias denominó tesoro. Confieso que durante este duro y placentero proceso, tengo la sensación de que estoy haciendo mía nuestra primera tradición literaria en castellano, de que estoy rescatando una literatura cada día más relegada al olvido. Es una tarea ardua y lenta. Pero no importa el paso del tiempo. Ya queda la botella lanzada al azar del inmenso mar.

      Espero que satisfaga mi obra, tanto la narrativa como la filológica.
      Antonio Gálvez Alcaide, autor y editor.