MORFEO EDITORIAL

 

Morfeo Editorial parte de un homenaje a la creación literaria. Morfeo Editorial es un homenaje a la creación literaria incansable, ininterrumpida, de toda una vida, la mía, desde el primero de mis relatos salvado y publicado, allá por el año 1983, hasta mi última obra editada, en el año en que estamos, 2017. En total, 34 años seguidos de persistente escritura, junto a los meses y los años que se añadirán con permiso del destino, un destino literario que solo podrá verse silenciado e interrumpido con mi muerte.

El cúmulo de toda mi obra saldrá en la colección Biblioteca Gálvez, que servirá de línea editorial, de orientación literaria, a los escritores que se identifiquen con lo que la Biblioteca Gálvez representa: un nuevo enfoque literario, no solo en la narrativa -la novela y los libros de cuentos-, sino en un amplio margen de géneros literarios, como el periodismo literario, la memoria, la crónica de viajes, la poesía y el ensayo. Efectivamente, la Biblioteca Gálvez como punto de partida para los escritores afines, posiblemente subterráneos, que deseen publicar su obra en Morfeo Editorial; la Biblioteca Gálvez, como llamada de atención en el anquilosado panorama literario español. Hay datos que confirman esta idea.

Yo, sin ser consciente de ello la mayor parte del tiempo, puse patas arriba los últimos filtros editoriales de prácticamente todas las editoriales de mi época, hasta que dije basta, en 2006, tras ver claramente que mi obra literaria era demasiado libre, demasiado renovadora, demasiado desbordante, para que pudieran hacerse cargo tanto las editoriales grandes como las medianas y pequeñas, todas increíblemente pusilánimes, cargadas de prejuicios, carcas. Empezando por las editoriales llamadas independientes por aquella época, y además con prestigio, como Tusquets (con su premio Nuevos Narradores), o Anagrama (siempre me dará gracia el preclaro Jorge Herralde, con una de sus respuestas), siguiendo por la editorial Destino, en relación con el premio Nadal del año 2004, con la novela Salvador de Escudellers (El solitario), o por Seix Barral, que le dijo a mi agente literaria sobre una de mis novelas, Como las víboras, que se trataba de una novela pionera, ya que no había nada en literatura, y solo algo en el cine. Si las editoriales conservaran registro de los informes de lectura, o mantuvieran en archivo el historial de mi nombre, hasta 2006, año en que renuncié a ellas, tendrían que explicar muchísimos datos curiosos, sorprendentes, y en contradicción con el deber profesional, a los investigadores o a los doctorandos de la sociología literaria. Mencionemos más editoriales: Ediciones B, Espasa, con su premio Primavera, e incluso algunas pequeñas, como Páginas de Espuma o Lengua de Trapo, esta última ya desaparecida. También tendrían que explicar a la sociología literaria muchísimas cosas curiosas y sorprendentes dos agencias literarias, tanto la sañuda Silvia Bastos, con agencia propia, como la gentil Lola Gulias, de la agencia literaria Antonia Kerrigan, que me dijo, sin que yo entendiera el motivo en aquel momento: “Escribe y guarda; tú, escribe y guarda”. Una declaración cuyo sentido, ahora, se ve más claro que el agua.

He mencionado en un par de ocasiones el año 2006. Ese año fue el año de mi liberación, el año de mi portazo, el año en que todo lo vi transparente. Fue a través de una respuesta, en carta abierta, a Mercedes Castro, la directora de Narrativa de la editorial Espasa en aquel momento. La cito a continuación en cursiva:

 

Viernes, 14 de julio de 2006

Querida Mercedes:

No hay ninguna editorial algo más osada que la editorial Espasa. Sencillamente porque en España no existen las editoriales osadas. Créeme, las conozco prácticamente a todas. El martes de esta misma semana, Olga García, la editora de la delegación de Madrid de Ediciones B, me dijo por teléfono algo que sabemos todos: que en el sector editorial está la cosa muy difícil, que hoy sólo se publican libros ligeros, con mucha acción si puede ser, libros que no hagan pensar mucho a los lectores. También me dijo algo muy significativo precisamente sobre esta novela, Caliente, de la niña Paz Vega López: que los comerciales no saben cómo vender la novela, por el hecho de que Paz no es una mujer sino un hombre (aquí no se valora eso de que Paz Vega López c'est moi, parafraseando a Flaubert). Y continuó con estas palabras literales, elocuentes: "Tienen miedo". A Olga le llegó esta novela desde Barcelona, derivada por Ana María Moix, de Bruguera.

Por fin ya todo me cuadra con las últimas pruebas de primera mano que me faltaban, querida Mercedes. En las editoriales grandes, los únicos que mandan son los comerciales, que tienen miedo, que apenas guardan sangre osada, puro espejo de los propietarios de estos grandes grupos, a los que sirven. Por otro lado, en las editoriales medianas y pequeñas, a falta de jefes de comercial, o de mercadotecnia, o como los queramos llamar, también domina el miedo. Lo sé. He hablado con muchos editores "medianos" y "pequeños" a lo largo de muchos años. Las obras literarias que sacan el pie fuera del plato ridículamente establecido, no se publican. Ese es el motivo por el que en la actualidad no sale ningún Valle-Inclán, ningún Quevedo. Tal como está hoy constituido el sistema editorial en España, es imposible que se produzca una renovación de la literatura española.

Un abrazo,

Antonio Gálvez Alcaide.

 

Menudo dictamen el que acabo de ofrecer. Supuso mi ruptura con el sistema literario establecido. Antes de eso, yo fui un escritor “normal”. Me publicaron editoriales conocidas, como Alba Editorial (1999) y Calambur Editorial (1997), colaboré con el diario ABC como articulista (1998), publicaron relatos míos suplementos dominicales y revistas, con muchísimo cuidado por mi parte sobre lo que les mandaba, por no escandalizar y ser rechazado. Hasta el año 2000, en que delegué el control de mi obra a la agencia literaria Antonia Kerrigan, integrada por unas mujeres que recibieron mi obra de aquel momento “entusiasmadas”, según consta por escrito, con quienes me mantuve hasta 2006.

Y en estas nos vemos hoy. La primera obra mía que rescato, para publicarla de forma masiva en formato papel, tal vez sea la primera novela que escribí, El Paseo de los Caracoles, que publicó Alba Editorial, hace dieciocho años. Posiblemente vaya editada con fajín, con lo más destacado que hubo en Prensa. Qué tiempos los de El Paseo de los Caracoles: muchísimo de lo que hay escrito en la novela son apuntes literales de mi etapa obrera (seis años) en una fábrica de Cornellá de Llobregat, con sus endemoniados tres turnos que cubrían mañanas, tardes y noches, donde se trabajaba siete días seguidos, tras los cuales nos daban dos días de fiesta, y en que los obreros solo librábamos un fin de semana al mes, aquella fábrica llamada Cristalerías Europeas, la legendaria Elsa, donde se colocó mi padre recién llegado del pueblo, de La Victoria, Córdoba.

Disfrutemos del homenaje de Morfeo Editorial, desde su colección Biblioteca Gálvez hasta las futuras colecciones de otros autores que surgirán, posiblemente desde el subsuelo. Disfrutemos, en un principio, del homenaje de 34 años de literatura prácticamente prohibida, prácticamente inédita. Disfrutemos de mis “traducciones” al castellano actual de nuestras obras medievales y de los Siglos de Oro. Disfrutemos del homenaje inicial que yo mismo me hago, un tipo oriundo del barrio de Las Planas, de San Juan Despí, y del barrio del Padró,  de Cornellá de Llobregat (de dos municipios barceloneses a partes iguales), un tipo que empezó de obrero, como terminó su padre, y ha concluido como un señorito, como profesor de Lengua castellana y Literatura, dedicándose casi por completo a la literatura, y viviendo en el centro del centro de Barcelona, “en la cumbre de toda buena fortuna”, como diría nuestro entrañable Lazarillo de Tormes. Disfrutemos de este homenaje literario tan particular. Para mí supone todo un placer en el mismo instante que arranca la última recta de mi vida, una vida, por suerte, tan libre y cachonda como el primer día, aquel día literario de 1983 en que salvé mi primer relato.

© Antonio Gálvez Alcaide. Barcelona, 16 de junio de 2017.

 

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