Libro de la vida, al castellano actual

22,90

Un libro de memorias único,
una experiencia irrepetible.

Nota de prensa
Páginas de muestra

PVP: 22.90 €
Rústica con solapas
14×21 cm
Páginas: 380
ISBN: 978-84-121864-5-1

Este libro puede remitirse firmado por el autor de la adaptación al castellano actual. Si así lo desea el cliente, ha de indicarlo en el espacio “Notas del pedido”.

Descripción

«Me da consuelo oír el reloj, porque me parece que me acerco un poquito más a Dios para verlo, al ver pasada la hora de la vida. En otras ocasiones estoy de tal manera que ni siento que vivo ni me parece que tenga ganas de morir, sino que estoy, como he dicho muchas veces, como en mis grandes penalidades, con una tibieza y una oscuridad en todo. Con haber querido el Señor que se sepan en público estas gracias que Su Majestad me concede (me lo dijo hace algunos años, que habrían de ser públicas, cosa que me dio mucha fatiga), hasta ahora no he sufrido poco, como usted sabe, porque cada uno lo toma como le parece. Me ha resultado un consuelo que no sea por mi culpa, porque yo solo se las he explicado a mis confesores, o a personas que, por ellos, sabía que lo sabían, y aun así he ido con un cuidado extremo, y no por humildad, sino porque, como he dicho, incluso a los mismos confesores, me daba pena explicarlas. Aunque murmuran de mí mucho, y con buen celo, y algunos temen hablar conmigo e incluso confesarme, y otros me dicen demasiadas cosas, ahora ya, gloria a Dios, como entiendo que el Señor ha querido utilizar este medio para remediar a muchas almas, como lo he visto claro, y como me acuerdo de lo mucho que sufrió el Señor por una sola alma, muy poco me importa todo. No sé si se debe esto a que Su Majestad me haya metido en este rinconcito, tan riguroso, de mi nuevo convento, donde, como cosa muerta, pensé que ya no habría más memoria de mí. No ha sido tanto como yo habría querido, ya que forzosamente he de hablar con algunas personas. Pero, como estoy donde no me ven, parece que ya el Señor ha sido servido en echarme a un puerto del que espero, en Su Majestad, que será seguro. Por estar ya fuera del mundo, y entre poca y santa compañía, miro como desde lo alto y ya me importa bien poco lo que digan o se sepa»

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